Vuelo

Eran las veintiuna horas, diez minutos cuando el vuelo 3402 desapareció.

Diez minutos antes.

La nena apretó la nariz contra el vidrio frío. Su madre, a su lado, dormía con la cabeza torcida. Poco a poco las luces de los acompañantes se fueron apagando y la cabina estuvo a punto de caer en la penumbra de no ser una lucecita, al fondo. Las ventanas se cerraban, se murmuraba una queja.

La atmosfera se volvía pesada con tanta gente en una misma lata.

Llevaba un vestido a lunares, como las estrellitas cuando salen aún de día. Ella pensaba, sin despegar la fría nariz. Le parecía extraño que las ventanas de los aviones sean tan pequeñas cuando el vehículo en sí era tan grande. No debería importarle mucho realmente, porque afuera todo se había reducido a negro. Ella no le temía a la oscuridad ni a las alturas, pero la combinación le hacía pensar en lo terrible que sería ser un gigante y no poder ver nada.

Atravesando la atmósfera oscura, a paso ciego, ahogando pueblos enteros bajo sus pies.

No sería difícil no verlos. La humanidad y sus ciudades siquiera se veían como hormiguitas, aun peor, se reducían a tamaño de las motas de polvo. Atravesaron una nube y todo vibró, pero no cambio el paisaje abajo. Estaban tan alto que siquiera se veía el punto brillante del país al cual sobrepasaban. La oscuridad era densa y pesada, absoluta e infinita, como el vacío.

La oscuridad lo rodeaba todo, y la última luz al fondo se apagó, que bien podrían estar subiendo, planeando o cayendo, y nadie se daría cuenta.

Y se preguntó si alguien la extrañaría.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s