Diario de Autor

Diario de Autor, Entrada #1

No soy gran fan de compartir situaciones personales.

La pantalla es una pared. Ahora mismo estoy sentada en mi habitación; tengo un escritorio que es de vidrio, escribo en una laptop negra que tiene las letras A, S, E y la flecha de la barra Delete algo despintadas. Tengo un bloque de madera de corcho llenos de papelitos y la pared frente a mi llena de post-it amarillos con recordatorios. Tengo una cómoda de madera casi vacía y varios libros apilados sobre esa cómoda que no me he puesto a leer porque me acostumbre a descargar todo lo que no puedo comprar en el celular.

Tengo una ventana frente a mí. Desde hace tres días que el cielo está nublado. Lo adoro. Y ahora el sol sale con fuerza, el jardín se ilumina pero el cielo sigue vistiendo ese hermoso gris. Como una diva con su vestido de noche. Es mi imagen favorita.

La pantalla es una pared. Ustedes no pueden ver todo esto. Y yo no los puedo ver a ustedes. El milagro del internet es la protección que creemos tener, con la cual podemos contar todo lo que queramos. Sin vergüenza, sin timidez, sin miedo.

No hace mucho que escribo. Cuando era chica solía pensar que sería escritora cuando fuese grande, y durante mucho tiempo intenté escribir sin demasiado éxito. Compraba cuadernos grandes de tapas de colores y escribía a mano con un portaminas, pero jamás completé ninguno de esos cuadernos. Tampoco sé que sucedió, donde fueron a parar, que habré hecho con las hojas en blanco que aún restaban. Después dejé de escribir, y para ser sincera, fue para bien.

El interior de esos cuadernos era simplemente horrible.

Hace dos años volví a escribir, esta vez para mí y en la computadora. Escribí una novela simple, bastante mala, pero a la que le tengo mucho cariño. Me hice amiga de los blogs de escritores y me informé de todo método y consejo sobre las novelas. Me acostumbré a escribir todos los días una hora, antes de irme a dormir. Se hizo mi hobby.

(Nota: El día que terminé el primer borrador de esa novela me quedé despierta hasta casi la mañana, porque sentía que no sabía qué hacer. Creo que estaba emocionada de contenta).

A principios de este año me propuse crear un blog. Mi experiencia en blogs se reducía a un blog de cocina con recetas propias que había durado tan solo unos meses. Soy sincera: empezar este proyecto era como tirarse de un avión usando paracaídas porque en el currículum pusiste que tenías experiencia con los barriletes.

Y es que a principios de este año me encontré con el borrador de una primera novela que estaba dispuesta a publicar (tirarse otra vez del avión, pero esta vez sin paracaídas) y con un montón de cuentos que me di cuenta que quería que la gente los leyera. Yo quiero que alguien, del otro lado de la pared, lea mis cuentos.

En este blog publiqué doce cuentos. Y sus respectivas doce traducciones. En mi computadora debo tener alrededor de otros quince cuentos. Cinco de ellos son bastante largos. Otro de los cuentos es realmente largo. Sé que hay al menos tres que jamás publicaré. En la cabeza tendré otros cinco cuentos para escribir. Sé que no es mucho, pero es lo que tengo.

Pero tengo uno solo para publicar. Y estoy escribiendo esto.

 

No sé qué excusa poner. Este año me recibí en la primera parte de mi carrera (rindiendo un final larguísimo que me llevó cerca de siete meses), participé en varios concursos, quedé seleccionada en una exposición. Viajé dentro de mi país unas cinco veces. Empecé un idioma, adopté un conejo. Estoy corrigiendo una novela.

Quiero que ustedes lean mis cuentos. Y es mi deber, solo mío, el encontrarlos. A ustedes. Del otro lado de la pared.

Sé que no tengo ‘fans’. Sé que mi escritura aún tiene un largo camino para recorrer hasta considerarse profesional. Sé que siquiera los profesionales más profesionales se ven a sí mismos como profesionales. Cada mañana me levanto y pienso ‘Por favor, espero no ser la única que no sabe lo que hace.’

Espero que allá afuera más personas como yo se estén levantando de la cama, se estén vistiendo, bañando o lavándose los dientes, pero siempre poniendo la mejor cara de ‘Todo bajo control. Definitivamente sé cómo salir ileso de un edificio en llamas. No hay alarma de la que preocuparse’. Al fin y al cabo, somos como partículas flotando en el vacío, sin dirección; porqué es cuando chocas con los otros que la energía se dispersan y las cosas suceden.

Si esto es así, entonces tal vez tengo una posibilidad.

Mi blog tiene ahora dieciocho seguidores. Empecé a publicar en Marzo, y si vuelvo atrás, a cuando aún no sabía que me gustaba escribir cuentos de terror; a cuando todavía me quedaban fotos para seguir sacando, yo misma veo que mi blog no tenía dirección. Pero ya pasaron cuatro meses, casi cinco, treinta y tres entradas, y todavía estoy acá. Todavía estoy en el camino.

Aunque todavía tengo que aprender más sobre aerodinámica y sobre como abrir un paracaídas cuando estas gritando de horror en el aire.

Pero es lo más lejos que he llegado.

Muchas gracias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s