Durante el Aire

01- Durante el Aire

Primera Parte

Rob levantó el brazo por tercera vez y observó detenidamente la brillante mancha purpúrea en forma de medialuna. Levantó la persiana plástica de la diminuta ventana. La fuerte luz blanca inundó el recinto, en penumbras, y él forzó la vista para observarse la piel bajo la esclarecedora luz.

-Cierra eso, amigo- Le pidió su compañero con un gruñido, e intentó darse la vuelta incómodamente en su asiento.

-Es solo un momento- Respondió en un balbuceo, sin sacar los ojos de su brazo. Ambos extraños tenían acentos latinoamericanos, pero de países diferentes.

Entre la piel naturalmente bronceada y castaña, la medialuna violeta resaltaba extrañamente. Era como si resplandeciera. Bajó la persiana y dejó que sus ojos se adaptaran al cambio de luz, mientras echaba la cabeza hacia atrás y se repetía a sí mismo.

-Es solo un golpe. Me he golpeado con algo al subir y no me he dado cuenta. Sí. Eso es lo que ha pasado- El color morado le hacía recordar a los chicles de uva que comía cuando él era solo un niño. Un violeta fuerte, artificial. Rió ante su propia idea absurda y se relajó un poco. Tomó la botella de agua que le ofreció la azafata y observó el resto del avión.

La mayoría de las personas se entremezclaban entre sí como una forma difusa, como un solo ser deforme y enorme con un montón de protuberancias en forma de cabezas. La gran mayoría estaba durmiendo, con la excepción de dos o tres personas que observaban las pantallas con la mirada vacía. Era por eso que detestaba los aviones: Se sentía hacinado, como un animal de ganado en un camión que va hacia algún lugar del cual no volverá.

Y comes cuando ellos te lo ordenan, bebes cuando ellos te lo permiten, y duermes cuando te apagan las luces y te obligan a bajar las persianas, para que jamás te enteres si afuera es de día o de noche. Toma algunos productos hiper procesados de Hollywood con tu chocolate. Have a nice flight.

 

Se despertó con el codazo de su compañero en el brazo. Se había quedado dormido con la cabeza hacia un lado, tal que parecía un cuadro de Picasso. El cuello se quejó cuando intentó levantar la cabeza. La azafata le dedicó una sonrisa amplia.

Los labios eran de un rojizo morado, no como los chicles de la infancia, sino como alguna especie de mora exótica. Hacía juego con el resto de su uniforme, la camisa blanca, una especie de chaqueta y la pollera que llegaba hasta las rodillas.

-What do you want for dinner? We offer Chicken with vegetables and rice or Lamb with potatoes-

-No sé inglés- Dijo mientras se incorporaba e intentaba procesar lo que la mujer le había propuesto. A través del rabillo del ojo le pareció captar una expresión de aborrecimiento en el rostro de la joven –Chicken- Pidió, forzando una sonrisa.

Levantó la tapa del envase metálico sin demasiado ánimo. Le pareció que olía a comida refrigerada, el tipo de bandeja que se encuentra en el fondo del refrigerador del supermercado y que uno mete en el microondas cuando ya ha decidido dejar de intentar hacer algo con su vida. Solo que no había microondas arriba de los aviones.

-Si pusieran uno, entonces este enorme armatoste caería en picada- Dijo en voz baja y se imaginó el avión atravesando el aire con un fuerte zumbido y estrellándose contra el océano calmo, provocando una enorme explosión, un oleaje terrible y un espectáculo magnífico para ningún espectador. Se cierra el telón y todos ellos desaparecen en una enorme burbuja, cayendo más y más profundo, en el blanco ataúd comunitario en el profundo mar azul.

Volvió a reír, casi con la misma fuerza con la que se había reído con lo del chicle de uva, y se percató de que debía lucir como un loco. Respiró profunda y lentamente. Aún faltaban unas seis horas de viaje. Buscaría una película para ver, intentaría dormir un poco más y todo pasaría una vez que bajara del avión. Tomó el ídolo que colgaba de una tira de cuero en su cuello y sintió la forma humanoide entre el dedo pulgar y el índice. Era un recuerdo de su viaje. Estaba volviendo a casa.

Se propuso pinchar el tenedor en la pequeña porción de carne y se detuvo en seco, casi helado. Al lado de la medialuna violeta había otra más pequeña, igualmente morada, resplandeciente.

 

Se observó el rostro en el espejo. Lucía cansado, ojeroso. Las gotas de agua brillaban sobre la piel morena quemada por el sol. Si observaba con detenimiento, podía ver que se habían formado algunas pecas un poco más oscuras debido a la constante exposición al calor. También había arrugas, las cuales lucían más profundas gracias a la pobre iluminación del diminuto cubículo y se sintió, de golpe, mucho más viejo. ¿Cuánto tiempo había estado afuera, de viaje?, ¿tres meses?, ¿cuatro? No lograba acordarse. Se sentía diez años más viejo, pese a estar en sus veinte.

Frotó el jabón líquido sobre la piel con fuerza durante varios segundos, pero al limpiar la espuma con el agua caliente las malditas manchas aún seguían ahí.

Tal vez era una enfermedad. Una enfermedad regional. Alguna especie de varicela, como la que había tenido de niño, alguna fiebre que se iría a la semana. Podría haberse contagiado en cualquier lado, si había comido de bolsas sacadas de la basura y había dormido en el suelo de la calle, de los parques e incluso en una celda. Podía ser una reacción alérgica, a vaya a saberse qué.  Cualquier insecto podría haberlo picado sin que él se percatara.

Las dos lunas brillaban, como brillan los astros en el cielo oscuro.

Tal vez no era nada de lo que preocuparse.

Se sobresaltó al sentir los fuertes golpes y la puerta de aluminio que tembló un poco bajo los puños.

-¡Hey!¡ Sal de ahí, ya han pasado quince minutos!- Rugió vaya a saberse quién y luego se sintió el murmullo indefinible de voces femeninas.

-Sir, are you all right?- Preguntó tras unos segundos la mujer y Rob salió atropelladamente al estrecho pasillo.

Se quedó quieto durante unos minutos, sintiéndose levemente mareado. No quería volver a su asiento aún. Dejó caer la empapada cabeza hacia adelante mientras se aferraba con las manos a sus rodillas, jadeando lentamente. Tenía sed. Más sed de la que nunca había tenido antes. Observó la alfombra gris con sus patrones ribeteados en violeta con detenimiento. El avión tembló, levemente, un temblor que se hacía acordar a sobrepasar los agujeros de la carretera con el coche.

Levantó un poco la cabeza y observó cómo dos azafatas tiraban las bandejas ya utilizadas por los pasajeros a un enorme tacho de basura que se cerraba herméticamente. Una de esas bandejas estaba sin tocar, pero por estrictas cuestiones de higiene también terminaría en la basura. Vaya desperdicio, pensó, y dejó caer nuevamente la cabeza. Escucho los cuchicheos de las empleadas y luego el sonido de los tacos ahogados en la alfombra.

Dos zapatos, morados, demasiado morados, aparecieron en su campo de visión.

-Do you feel sick?- Le preguntó con consideración y Rob volvió a repetir, esta vez para sus adentros. No sé inglés, maldición. Debo ser el único que no sabe inglés en todo el condenado aeroplano.

-Me not english- Balbuceo y la mujer asintió lentamente, para apartarse y señalarle una bolsa para vomitar.

-Sick. Are you going to be sick?-

Negó con la cabeza. La observó con un poco de detenimiento; la mujer tenía cierta belleza, aunque se opacaba con el uso del uniforme y el maquillaje reglamentario. Todas azafatas tenían el mismo torpe gorrito y el tirante rodete, la misma base de maquillaje, labial y color de uñas, tal que cada una parecía sacada de un molde. Hecha a medida y masivamente para atravesar los aires hasta que les llegue la fecha de caducación, tras lo cual la desecharían en cajas para la basura igualmente herméticas.

Incorporándose levemente señaló un vaso vacío, sin poder recordar la palabra para agua. Respirando lentamente, dejó que el líquido bajara por la garganta seca. Tras terminar, extendió el recipiente y pidió.

-Otro- La azafata entendió la demanda y obedeció. Se detuvo tras el tercer vaso, tras levantar la vista y observar la mirada consternadas de las mujeres. Tiró el plástico a la basura y luego preguntó, intentando imitar el acento inglés.

-¿Médico? ¿Algún médico a bordo?- Al ver que las mujeres no reaccionaban volvió a intentarlo -¿Doctor? ¿Un doctor?- Y señaló el gabinete de primeros auxilios que se insertaba en la pared y que brillaba con una débil luz verde.

-Do you need any First Aid?- Cuestionó una de las mujeres y Rob suspiró decepcionado. Movió los brazos de lado a lado en una señal universal que significaba ‘Olvídalo’ y volvió lentamente a su asiento.

Iría al médico en cuanto el avión aterrizara. Sería lo primero que haría y se sacaría este problema de encima lo más rápido posible. Intentó tragar saliva, pero la garganta estaba aún seca. Iría incluso con las maletas y la mochila de viaje, esperaría en ese estado en la sala de emergencias y así tal vez lo atenderían más rápido. Incluso si alguien preguntaba, él podía responder que estaba esperando su avión cuando tuvo un problema de último momento. Le darían prioridad.

Le recetarían algunas pastillas, algunos antibióticos. Tal vez le tomarían una muestra de sangre o le inyectarían algún antídoto para algún alivio más rápido. Sintió el sabor amargo de alguna medicina imaginaria en el paladar, y volvió a tragar saliva con dificultad en la arenosa garganta.

Tropezó con las rodillas de su compañero, pidió perdón entre dientes y se acostó pesadamente en el asiento. Se frotó los ojos con las palmas de las manos hasta que vio estrellas cruzando el negro de su campo de visión. Luego intentó relajarse. Cinco horas hasta aterrizar. Una hora más, tal vez, hasta salir del aeropuerto. Hasta ese entonces dormiría.

Segunda Parte

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2 comentarios en “Durante el Aire

  1. Pingback: Durante el Aire Parte 2 – Loren escribe

  2. Pingback: Durante el Aire Parte 3 – Loren escribe

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